Santorini, una isla griega famosa por sus cúpulas azules, atrae a 3 millones de viajeros anualmente, pero sus 20.000 habitantes enfrentan desafíos relacionados con el turismo masivo y la orientación de la economía hacia los visitantes.
Ana Delamani, una joven de 18 años, comparte su perspectiva sobre crecer en la isla, destacando la renovación de la casa familiar y la adopción de gatos callejeros. A pesar del encanto de la isla, Ana, como muchos jóvenes, deberá trasladarse a Atenas para estudiar enfermería, evidenciando la necesidad de emigrar para acceder a educación superior.
La isla está fuertemente orientada al turismo, con edificios siendo transformados en hoteles, lo que genera preocupación entre los locales por la pérdida de espacios y la priorización del sector turístico sobre las necesidades de la población. En invierno, la isla se vacía y las actividades para jóvenes son escasas, lo que aumenta la expectativa por la temporada alta, a pesar de sus inconvenientes como los altos precios en zonas turísticas.
En el contexto de la igualdad de género, Grecia se encuentra en el puesto 24 de 27 en la UE. Ana y sus amigas señalan al patriarcado como principal obstáculo, mientras que el desempleo juvenil, que afecta principalmente a mujeres, es una preocupación a nivel nacional, aunque en Santorini el impacto de las crisis económicas ha sido menor.