Se describe la angustiante situación de un joven de 25 años con 30 millones de pesos en deudas y sin trabajo, lo que hipoteca su futuro. Vivir endeudado se equipara a no tener vida, marcada por la culpa, la desesperación y la ausencia de alegría.
Esta generación se forja en la Argentina actual bajo un escenario de descontrol de intereses y deudas impagables, generando un profundo malestar psicológico y una profunda angustia existencial.