Florian, un joven activista de 27 años, representa la nueva generación que se une a partidos de extrema derecha como Alternativa para Alemania (AfD). Creció en una Alemania Oriental marcada por el declive económico y la nostalgia, donde los valores tradicionales perduran y generan escepticismo ante proyectos ideológicos impuestos.
La AfD en esta región ostenta un alto porcentaje de intención de voto, presentando un programa radical que incluye medidas contra solicitantes de asilo y subvenciones a organizaciones de izquierda. Florian y sus colegas consideran su discurso "positivo" porque se queda en palabras, culpando a la izquierda de la confrontación.