Yamila cargó una maldición por 10 años con abusos desde infancia en su familia, baja autoestima, problemas económicos, vicios como alcohol y droga, cánceres familiares y múltiples intentos de suicidio.
No veía salida, depresión profunda y angustia la llevaron a no creer en nada, hasta que una invitación llevó a su familia a la Iglesia Universal donde hizo un voto de obediencia para recibir el Espíritu Santo.
Las maldiciones se cortaron, traumas de abuso sanaron con perdón, ahora tiene familia unida y feliz, vida económica estable, sin peleas ni enemistades, deseando que otros experimenten lo mismo mediante obediencia.