Ariel preparó la focaccia agregando papines pelados y enjuagados para evitar que se peguen, les puso un poquito de aceite y resaltó el rico aroma del romero que no solo hace magia en los platos sino también para cuidar el pelo.
Colocó orégano y ají molido en las papas, las tiró por arriba de la masa sin incrustarlas y mostró la focaccia ya lista en el horno a su derecha, que quedó bronceadilla.
Pintó la salida del horno con yema y crema para que se coagule con el calor residual, la tacó para que crezca y recomendó sal media gruesita por arriba que no se funda.