George, de 41 años, sintió el impacto de misiles rusos en su aldea de la región de Kharkiv y llamó sin respuesta a su mujer, que había salido al trabajo; decidió salir a buscarla y se encontró con la peor noticia: no hay familia.
Casas y un edificio de la municipalidad fueron totalmente destruidos en el ataque. Rusia no hizo comentarios sobre este impacto directo a la población civil, aunque no es la primera vez que el Kremlin niega que sus misiles tengan como objetivo la infraestructura civil.
Ella es china y trabaja en una lavandería; no podía creer lo que le tocó vivir en el bombardeo.