Residentes del Hospital Posadas realizan un abrazo simbólico en protesta por condiciones precarias: hace un año sin aumentos salariales, ganan menos de un millón de pesos mensuales pese a estudiar más de 10 años, y enfrentan guardias de 24 horas más media jornada adicional por nuevo reglamento de Mario Lugones, totalizando casi 30 horas sin dormir atendiendo pacientes críticos en terapia intensiva con 37 camas.
Faltan insumos, los dos tomógrafos están rotos hace una semana impidiendo diagnósticos urgentes como ACV o traumas craneales, obligando derivaciones demoradas; un resonador funciona sobrecargado como sustituto. Hay despidos masivos (más de 300 en 2024), recortes en residencias (odontología, farmacia, terapia intensiva reducida a la mitad), contratos temporales con amenazas de no renovación por reclamar, y bonos ofrecidos a cambio de no parar que nunca llegaron.
Médicos como Eugenia (terapia intensiva R4), residentes de emergentología y neurología denuncian burnout, pacientes esperando 24-36 horas, compartir camas, techos caídos, inundaciones y sin agua; dependen de padres para vivir, no alquilan por bajos ingresos. Despididos como María Díaz (neumonóloga con 30 años) sin indemnización por contratos precarios, rompiendo equipos especializados formados en 8-10 años.
El hospital de 360 camas, referente nacional para 6 millones de habitantes, refleja desfinanciamiento de salud pública con sobrecarga por crisis social y pérdida de coberturas (742 mil sin obra social según Infobae), afectando derivaciones y tratamientos complejos.
Periodistas en estudio critican a Mario Lugones y Javier Milei por priorizar superávit fiscal sobre salud, comparando costos de tomógrafos (hasta 165 mil dólares) con deudas acumuladas.