El segundo requisito para ser grandemente usado por el Señor es vivir en dependencia del Espíritu Santo, como bendice Pablo en 2 Corintios 13 con gracia de Jesucristo, amor de Dios y amistad íntima del Espíritu. Jesús dejó al Espíritu como líder tras su partida, ya que convenía que se fuera para que viniera el Consolador y dirigiera a la iglesia.
Los creyentes deben trabajar con el Espíritu Santo, no solo para Dios, para resultados asombrosos como en la iglesia primitiva. Zacarías enfatiza que no se necesita poder ni ejército, solo el Espíritu. El predicador urge a quebrantarse, depender y cultivar intimidad para una vida fructífera.