Andréa relató cómo venció múltiples traumas y enfermedades terminales gracias a la fe en la Iglesia Universal después de ser abusada desde niña y diagnosticada con HIV, diabetes, hepatitis C y neumonía.
Desde los seis años sufrió abusos, violencia familiar y trabajó limpiando casas a los 16; más tarde fue abusada nuevamente y desarrolló síntomas graves como fatiga, desmayos y dolores que la llevaron a internación por cuatro meses.
Al ver el cambio en su cuñada, asistió a la iglesia, se bautizó, perdonó a su padre y buscó el Espíritu Santo, experimentando una transformación total que le dio alegría y sanidad.
Los médicos la habían condenado a muerte sin perspectiva, pero Dios cambió su vida interior y exterior, según su testimonio.