Insiste en que los creyentes deben hablar con salmos, himnos y cánticos espirituales, y alabar al Señor en el corazón, incluso en pensamientos privados. El religioso solo habla de Dios externamente pero mantiene vacío interior, mientras el lleno del Espíritu vive transformado internamente.
Exhorta a den siempre gracias por todo, mostrando una actitud de gratitud constante como fruto de estar controlados por el Espíritu Santo, no por el mundo.