Belén narra cómo la muerte de su padre desencadenó una depresión profunda que la llevó a culpar a Dios, consumir marihuana y sufrir insomnio con visiones de sombras negras al lado de su cama.
Tras un intento de suicidio y 25 años de adicciones a cocaína, crack y paco, Belén decide ir a la Iglesia Universal, donde recibe el Espíritu Santo y elimina su tristeza, recuperando paz y amor por su familia.
Las lágrimas de Belén ahora son de felicidad, y sus tatuajes recuerdan su pasado; invita a otros con vicios a la Universal para encontrar libertad como ella.