Nicolás relató cómo a los 14 años empezó con cigarrillos y malas compañías, escalando a marihuana, cocaína y pastillas con alcohol, con peleas y persecuciones policiales para desquitarse de su bronca interna.
Viviendo con su pareja e hijo, su adicción empeoró; consumía frente al niño y un día de violencia extrema contra su pareja lo hizo ver su realidad, recordando la Iglesia Universal donde decidió volver.
Participando en reuniones, dejó la agresividad; perdonó a su padrastro, recibió el Espíritu Santo, se casó por iglesia, estabilizó su economía y hoy es un padre cariñoso con familia feliz.
Invitó a otros en situaciones similares a acercarse a la Iglesia Universal cercana.