Joana Fernández contó su infancia con peleas familiares violentas que la dejaron con depresión y vacío, llevando a vicios de cigarrillos por ocho años, priorizando fumar sobre comer hasta quedar delgada.
Sufría ataques de pánico, miedo a multitudes, pensamientos extraños, alucinaciones de voces y sombras, visitas a psicólogos y psiquiatras con pastillas que rechazó, y tres intentos de suicidio fallidos incluyendo cortes y sobredosis.
Peores tras "limpiezas" espirituales en casa de espíritus, hasta que un amigo la llevó a Iglesia Universal donde tiró cigarrillos, perdió miedos, ganó ganas de vivir, se casó con él y ahora es feliz con el Espíritu Santo.
El pastor citó Miqueas prometiendo exterminar hechicerías, desafiando a asistir viernes feriado a templos para liberación de males espirituales.