Elba relató su vida de sufrimiento: viuda a los 24 con tres hijos, deudas, vicios desde los 14, pesadillas, aislamiento, depresión y un ACV que paralizó medio cuerpo con secuelas de zumbidos.
Vivía atormentada por espíritus, nerviosa y sola. Tras invitación, llegó a la Iglesia Universal un viernes y experimentó cambio inmediato: durmió sin miedo, recibió el Espíritu Santo y transformó su interior con gozo y alegría.
Venid a mí los cansados que yo os haré descansar, citó como clave. Invitó a otros en situaciones similares a buscar solución en Dios.