Romina contó su depresión crónica desde los 8 años por pérdidas familiares, escalando a vicios como cigarrillo, marihuana y cocaína, relaciones tóxicas, abandono de estudios, visiones de sombras, voces y pánicos sin alivio en terapias o medicación.
Infidelidad agravó angustia con alcoholismo extremo. Por invitación amiga llegó a Iglesia Universal los viernes, liberándose de problemas espirituales, depresión y vicios, ganando paz, fuerza y proyectos.