Ex agentes de inteligencia del gobierno, dependientes de Santiago Caputo, venden carpetas con seguimientos físicos y digitales a periodistas como Jorge Rial, incluyendo fotos comprando facturas, geolocalización y metadatos de comunicaciones por cinco cifras.
La banda realiza vigilancia con análisis de SMS, apps, correos y redes sociales para armar reportes completos; panelistas relatan incidentes personales como tipos grabando en puerta de canal o casa, vinculados a malestar interno por repartos.
Contrastan con quejas gubernamentales por "espionaje" de periodistas, advirtiendo "cuidado" ya que tienen "lo muerto adentro" mientras prohíben acceso a Casa Rosada.