Jorge sobrevivió a problemas pulmonares graves desde los dos meses, cuando sus padres prometieron servir a una entidad si vivía, pero creció con tormentos: gritos nocturnos, tristeza profunda y rencor.
En adolescencia, relaciones fallidas por desconfianza, sentimientos de inferioridad y pensamientos suicidas; culpaba a padres y otros.
Participando en la Iglesia Universal los viernes, hizo propósitos de fe, liberándose de creencias erróneas, cambiando carácter y prosperando.
Hoy tiene vida estable, mejor relación con hijos y se entregó a Dios, restaurado por la verdad que libera según la Palabra.