Luis relató su historia desde la infancia con un soplo al corazón que su madre curó con oraciones en la iglesia, permitiéndole una vida normal.
Creció sirviendo en la obra de Dios pero cargaba malicia y orgullo, lo que durante la pandemia lo llevó a abandonar el servicio, involucrarse en vicios como alcohol y prostíbulos, perder su emprendimiento y caer en depresión profunda tras la muerte de su padre e infidelidad sentimental.
Llegó a deseos de suicidio, pero participó en un evento Eres Universal, se arrepintió, dejó los vicios, se bautizó y buscó el Espíritu Santo hasta recibirlo, recuperando paz verdadera.
Hoy Luis vive sin malicias, con paz del Espíritu Santo y deseo de ayudar a otros desde la obra de Dios.