La dieta mediterránea, rica en frutas, verduras, granos enteros, grasas saludables y pescado, reduce la inflamación y mejora la concentración, memoria, atención e inteligencia a corto plazo cuando se combina con descanso.
Alimentos clave incluyen hojas verdes como espinaca y acelga por su ácido fólico, avena y semillas por fibra que optimiza colesterol y triglicéridos, legumbres activadas en agua toda la noche para eliminar antinutrientes y regular glucemia, además de hongos y uvas por antioxidantes y polifenoles que mejoran flujo sanguíneo y combaten radicales libres.
Estudios observacionales a largo plazo asocian este patrón alimentario con menor riesgo de deterioro cognitivo y demencia; se recomienda sumar hábitos diarios como una tacita de uvas o espinaca semanalmente hasta formar costumbre.
Expertos destacan consumir verduras cocidas o congeladas por practicidad, y preparar snacks como garbanzos tostados con pimentón para mantener el cerebro y metabolismo saludables.