La psicóloga chilena Pilar Sordo profundiza en su proceso personal difícil con depresión activa, donde permite emociones como tristeza o rabia pero las canaliza hacia la acción y la alegría cotidiana, como recibir aplausos o abrazar amigos. Explica que confía en un orden superior divino para manejar daños recibidos, optando por el silencio ante quienes la hieren en lugar de confrontaciones.
Sordo enfatiza que la salvación personal se logra con voluntad y apertura, no sola, sino en comunidad, recibiendo cariño y señales divinas como mensajes oportunos. Desmiente rumores de enfermedad grave, aclara que no es tema de salud física, y destaca la importancia de pedir ayuda en días tristes para sanar vincularmente.
Enseña que la motivación surge de la acción, no al revés: salir de la cama, hacerla, caminar alrededor de la manzana o ver verde desde la ventana (estudio 330-300) combaten la depresión mejor que quedarse inactivo. Recomienda ejercicio mínimo en periodos difíciles y anuncia su presencia en Buenos Aires el 19 de abril.
Habla de extrañar encuentros íntimos previos al sexo más que el acto mismo, su ternura como abuela por videollamada, y critica la paternidad moderna: padres aterrados que satisfacen necesidades sin observar hijos, adicción a redes sociales que causa berrinches por abstinencia, y pérdida de autoridad parental por incongruencias y exceso de compasión.
Aboga por sostener vínculos en conflictos sin huir, deconstruir miedo a la intensidad, y actuar con coraje cara a cara en vez de vía Instagram. A los 60 años ve el "letrero de salida" que la impulsa a decisiones valientes, prioriza músculo sobre cardio para longevidad, y cierra afirmando su derecho a la paz ganada tras 40 años de trayectoria.