Expertos médicos como el cirujano cardiovascular Rodrigo Salemi explicaron la falta de trazabilidad de fármacos hospitalarios como Propofol y Fentanilo, que deben registrarse por lote desde laboratorios hasta quirófanos, pero se desvían ilegalmente. Encontraron 112 ampollas de drogas endovenosas (Propofol, Lidocaína, Fentanilo, Clonazepam, Midazolam y más) en el departamento de Palermo donde hallaron muerto al enfermero Eduardo Betancourt, de 44 años, oriundo de Gualeguaychú, quien llegó a Buenos Aires hace un mes sin empleo formal.
La autopsia reveló cardiopatía hipertrófica dilatada con congestión pulmonar, compatible con sobredosis de Propofol que relaja el sistema respiratorio y cardíaco, sin signos de violencia, heridas defensivas ni desorden en el lugar. Betancourt apareció sentado con vía en el antebrazo derecho y halo equimótico reciente, indicando que se inyectó vivo; el cuerpo mostraba rigor mortis avanzado (24-72 horas). El perito forense Miguel Ángel confirmó que apunta a accidente por sobredosis, no homicidio.
Su familia sospecha asesinato por "saber demasiado", pero destacan coincidencias con la muerte del anestesiólogo Alejandro Salazar a cuadras de distancia. Betancourt tenía tres celulares incautados y perfil en redes como X (10.000 seguidores), Instagram y OnlyFans con contenido adulto; todas las cuentas (siete en total) se volvieron privadas o borraron publicaciones post-mortem, sugiriendo alguien con acceso a sus contraseñas intervino después de su muerte.
Tati Leclerc sumó testimonio reconociendo sustraer Propofol, Fentanilo, Ketamina y Midazolam del Hospital Rivadavia para fiestas con Delfina y Fini, conectando con el robo en el Italiano vinculado a Salazar y el anestesista imputado Hernán. Casos similares en Corea del Sur (36 muertes 2000-2011) por uso recreativo llevaron a regulaciones estrictas; en Argentina, urge investigar circuitos ilegales desde droguerías y hospitales.