El doctor Suárez lideró una oración de confesión de pecados donde los participantes repitieron que confiesan todos los pecados cometidos desde el nacimiento por pensamientos, palabras o acciones, y recibieron a Jesús como Señor y Salvador para ser lavados en su sangre.
Como ministro del Evangelio, declaró que todas las personas que confesaron y aceptaron a Jesús están perdonadas, salvas y pasaron de muerte a vida, incluso las que lo hicieron desde cualquier lugar del mundo en ese momento, terminando el mal en sus vidas.
Invocó un silencio total para que Dios renovara las vidas, felicitó a los convertidos e insistió en que perseveren siguiendo a Jesús para ir al cielo.
Este cierre formó parte del estudio bíblico de 2 Corintios 5, donde enfatizó vivir para Cristo como nueva criatura, rechazar dogmas humanos y la necesidad de la crucifixión y resurrección para la salvación eterna.