Gerardo Romano asistió 50 años a terapia con el psicoanalista austríaco Marc Lein hasta su muerte repentina, admirando su inteligencia.
Vivió dos años con Antonio Gasalla en época de éxito del actor, compartiendo desayunos pero sin abrir su heladera por austeridad.
Gasalla era ordenado con servicio, mientras Romano era prudente y austero.