Adabel Guerrero cuenta en el programa su infancia difícil en La Plata, con un padre ausente que se fue a Estados Unidos, una madre adicta al alcohol que falleció cuando ella tenía 17 años, y un hermano con problemas de drogas que terminó preso y la amenazó públicamente en 2011.
La danza se convirtió en su salvación desde chica, soñando con ser bailarina del Bolshoi; ensayaba todo el día, rindió el secundario libre y se unió al ballet de Iñaki Urlezaga a los 13 años, haciendo giras por el país. La terapia la ayudó a resignificar traumas y romper patrones disfuncionales.
Recuperó contacto con su padre por su hija Lola, pero lo cortó al notar ausencias y problemas con alcohol, priorizando una familia construida con su marido de 18 años. Enfatiza la importancia de la terapia para todos, como herramienta de autoconocimiento y cambio.