Celia contó su infancia con padres agresivos, pesadillas, voces de muertos, pensamientos suicidas desde los 12 años, agresividad extrema viendo sangre para calmarse, golpes de cabeza, desmayos, aislamiento, vicios con amigos, alcoholismo severo, relaciones fallidas con violencia y traición.
Diagnosticada con depresión y tormentos, encontró liberación en Iglesia Universal al entender "la verdad os hará libres", se bautizó en aguas tras ayuno y oración, perdonó a padre, recibió Espíritu Santo, eliminó odio y agresividad.
Hoy tiene un matrimonio de 30 años feliz, paz interior y prioriza a Dios para bendición familiar.