En La cocina rebelde enseñaron a preparar bareniques o kreplach judíos, originarios de países del este como Polonia, Ucrania y Hungría, un plato de trinchera barato con harina, huevo, agua, puré de papa, cebolla caramelizada y grasa de pollo para sabor.
La masa se reposa en heladera, se estira fina, corta en trozos; el relleno usa puré del día anterior salteado con cebolla en manteca, dorada para caramelizar, mitad en relleno y mitad en salsita.
Es comida económica de posguerra, similar a empanadas o dumplings asiáticos, fácil de hacer con lo que hay en casa.
El segmento combinó historia, anécdotas y pasos detallados, prometiendo definición del mejor postre al regreso.