Empresas de colectivos redujeron hasta un 30% las frecuencias por el aumento del precio del gasoil. En Liniers y Constitución hay filas eternas, pasajeros esperan hasta una hora y viajan hacinados.
Pasajeros como Lourdes, Camila y otros llegan tarde al trabajo, salen más temprano y regresan tarde a casa. Critican la situación que afecta su calidad de vida, con inseguridad de noche y empujones.
Luciano Fusaro, presidente de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte, confirmó una reducción del 20% en unidades: de 15.500 a 12.500 ayer. Explicó que el gasoil pasó de 1.700 a más de 2.000 pesos, sin respuestas del gobierno a reclamos de subsidios o suba de tarifas.
Sin subsidios, el boleto debería costar 2.100 pesos. Hoy reciben 1.600 entre tarifa y subsidio. No hay solución inminente, posible problemas para pagar salarios mañana y conflictos sindicales.
Entrevistas muestran frustración: trabajadores defienden que el laburante debe priorizarse, critican al gobierno por empeorar la situación pese a promesas.