El psicólogo Gervasio Díaz-Castelli afirma que el 35% de los argentinos padece desórdenes psiquiátricos graves tras la pandemia y la cuarentena eterna, con un 10% de casos severos; impulsividad, ansiedad y falta de proyección futura dominan por la crisis constante.
Explica el trauma en dos fases: el encierro sacrificial y la revelación de privilegios políticos como Olivos y VIP, generando resentimiento por hipocresía. Los adolescentes sufrieron más por la pérdida del grupo de pares, lo que disparó autolesiones, adicciones, insomnio y desórdenes alimenticios como patologías del impulso.
Destaca el impacto del miedo al desempleo y la baja remuneración, que colapsan la identidad laboral en una sociedad informal. Critica la impulsividad política observada en legisladores, comparándola con una familia disfuncional, y el rol manipulador de las redes sociales que fomentan alter egos y exhibicionismo, dañando la autoestima.
Alerta sobre la adicción a las redes que genera ansiedad y trastornos del sueño, aunque nota una reversión incipiente con higiene tecnológica. Sobre drogas, rechaza la distinción entre livianas y duras: la marihuana es disociativa y destructora del cerebro, con creciente dependencia; urge campañas contra patologías del impulso como ludopatía y compras compulsivas.