La investigación por la muerte del enfermero Eduardo Betancourt, encontrado con 112 ampollas de anestésicos como fentanilo y midazolam en su departamento de Oro 2428, CABA, revela una red de robo de drogas hospitalarias para fiestas recreativas. Betancourt, de 44 años oriundo de Gualeguaychú, llegó hace un mes sin trabajo y tenía tres celulares, jeringa usada, guantes y pinchazo en el brazo, sin signos de violencia.
El caso conecta con la muerte de anestesiólogo Alejandro Salazar, amigo de Chantal, quien estudiaba con Delfina (Fini), vinculada a Hernán (Tati), ambos del Hospital Italiano imputados por sustraer drogas. Audios revelan controles laxos, tests de orina positivos ignorados y alertas de consumo en quirófanos, con fallas sistémicas en trazabilidad y protocolos.
ARBA (Asociación de Anestesia) emitió comunicado desmarcándose, mientras surgen sospechas de mercado negro: ampollas de Hospital Italiano y Rivadavia, posibles usos en cirugías ilegales. Delfina denunció abuso sexual; familia y amigas notaron adicciones, pero autoridades no actuaron. Pericias en celulares y autopsia demorarían resultados.
Expertos convocan reuniones para reforzar controles, destacando riesgos para pacientes en anestesias críticas, donde dos gotas marcan vida o muerte. Sospechan industria de medicamentos robados más allá de uso recreativo.