En un departamento porteño encontraron muerto a un enfermero sentado en una silla con el brazo extendido, una herida punzocortante, aguja al lado, guante de látex y 112 ampollas de drogas como propofol, fentanilo, midazolam y lidocaína, muchas abiertas y provenientes de farmacias, clínicas y hospitales.
La familia reveló que el hombre llegó a Buenos Aires hace un mes buscando trabajo y no laboraba en instituciones de salud; pericias toxicológicas determinarán si consumió las sustancias, que provocan depresión respiratoria mortal, similar al caso de Alejandro Salazar, residente hallado muerto el 20 de marzo en Recoleta con sangrado en la boca.
Investigan posible presencia de terceros vía cámaras, ya que el enfermero conocía los riesgos letales; trazan origen de las drogas en medio de nerviosismo hospitalario, sin descartar vínculos con fiestas y tráfico desde el Hospital Italiano y Rivadavia.
Imputados por administración fraudulenta en Italiano son Delfina Fini y Hernán Boveri, jefe de anestesiología que renunció antes de la denuncia del robo detectado tres días post-muerte de Salazar; acusaciones cruzadas entre ellos y pesquisa por conexiones con el nuevo fallecido.
Las muertes destaparon falta de controles para sustracción de anestésicos; causas abiertas por averiguación de causales de muerte y robo, con investigaciones internas en hospitales incluyendo revisiones de mochilas.