El anestesista residente Alejandro Salazar murió el 20 de febrero en su casa con una vía en el pie derecho inyectada con propofol y fentanilo, sedantes quirúrgicos usados recreativamente para inducir sensaciones placenteras. Encontraron un BIC para infusión continua, sugiriendo procedimiento médico profesional.
Un audio de WhatsApp de una mujer revela posibles reuniones de anestesistas para sedarse y tener sexo. Delfina Lanusse, alias Fini, otra residente, se presentó en tribunales admitiendo relaciones con el jefe Hernán Boveri (49 años), donde se sedaban mutuamente y ella despertaba con dolores sugestivos de abuso.
Salazar necesitaba asistencia para revertir efectos con oxígeno, ya que las drogas deprimen la respiración; estaba solo, apuntando a suicidio o negligencia. Sospechas de robo de medicamentos del Hospital Italiano y farmacia.
Ayer hallaron muerto al enfermero Eduardo Bentancur (44) en Palermo con ampollas de midazolam, similar a propofol. El caso sigue bajo investigación con novedades pendientes.