Roberto Parra, ganador de la segunda edición de Gran Hermano en 2001, revela que sufría depresión durante seis años antes de ingresar al reality y que nadie la detectó en nueve castings con psicólogos y psiquiatras.
Explica que ocultó su condición porque recién empezaba y pasó todos los exámenes médicos, pero después del programa enfrentó posfama, rescisión de contrato a los 10 meses y desistió de estudiar teatro.
Perdió dinero del premio de 200 mil pesos por la devaluación al convertir a dólares y hoy, 30 años después, sigue luchando contra la depresión, decidiendo contarlo por mayor conciencia sobre salud mental.
Panelistas destacan su vulnerabilidad, el llanto como primer paso y critican que realities no filtren patologías pese a los chequeos.