Ezequiel relató que su vida estaba destruida desde chico con depresión, vicios y problemas económicos, consumiendo cigarrillos, marihuana, alcohol y cocaína, llegando a intentos de suicidio tres veces y siendo agresivo con su esposa y familia.
Pasaba por la Iglesia Universal, cerca de su casa, y decidió participar, perseverando con bautismo en aguas y búsqueda del Espíritu Santo, que transformó su carácter, vocabulario y vida sentimental, restaurando su matrimonio.
Hoy está libre, feliz, y cambió completamente gracias al poder de Dios.