El pastor de Iglesia de la Ciudad explica que la conversión implica muerte al pecado según Romanos 6, con arrepentimiento genuino que lleva a odiar el pecado, sepultura en bautismo y resurrección a nueva vida en Cristo, rechazando la gracia como licencia para pecar.
Advierte que la paga del pecado es muerte eterna y urge consagrar cada parte del cuerpo como instrumento para el bien, citando Colosenses y ejemplos como David, enfatizando alejamiento total del pecado y rendición a Dios como en la consagración sacerdotal de Éxodo 29.
Enfatiza la reconciliación divina usando Génesis 3, donde Dios busca a Adán y Eva tras el pecado, revelándose como Salvador en Romanos 5:6 y Lucas 19:10, tomando siempre la iniciativa para restablecer la comunión rota a costa de la vida de su Hijo.
Cita Juan 3:16 para afirmar que Dios amó al mundo tanto que dio a su Hijo unigénito, comprándonos con su sangre preciosa como en 1 Corintios 6:20 y 1 Pedro 1:18, haciendo que valamos inmensamente para Él, más que cualquier tesoro, y reprende dudar de ese amor.
Instiga a no esconderse como Adán ni volver al pecado, a dedicarse como ofrenda santa en Apocalipsis 14, pues Dios vive en nosotros desde Pentecostés; invita al Congreso Internacional Familias Bendecidas del 16 al 19 de julio en Resistencia, Chaco, y advierte que Dios usa desde miradas hasta circunstancias o profetas para arrepentirnos, o deja a sus caminos como en Salmo 81 si endurecemos el corazón.