La fiscalía analiza el celular del anestesiólogo Alejandro Salazar para reconstruir sus últimas 48 horas antes de morir por sobredosis de propofol y fentanilo en su departamento de la calle Juncal al 4600 en Buenos Aires.
En el teléfono buscan historial de apps de delivery de comida, movilidad y citas para determinar si recibió visitas o estaba solo, junto con llamadas, chats de WhatsApp y Telegram, y actividad en redes sociales. El juez autorizó el peritaje el miércoles.
La escena del crimen estaba limpia y ordenada: sin platos sucios, vasos ni rastros de sangre en la cocina o mesas, sin signos de fiesta ni terceros. El cuerpo no presentaba lesiones salvo la vía en la pierna derecha con bomba de infusión y medicamentos del lote robado en el Hospital Italiano.
El edificio tiene seguridad 24 horas, cámaras en entradas, garaje y ascensores (instaladas después), y la fiscalía pide imágenes del día de la muerte y el anterior, además de registros de edificios linderos y Ciudad. Vecinos no lo conocían.
Expertos dudan si fue solo: improbable programar bomba de infusión sedado; sugieren "viajes controlados" con terceros. Conexión con robo de drogas en Hospital Italiano y posible red mayor; no descartan suicidio ni más muertes.