Alejandro Salazar, anestesista de Hospital Rivadavia y Hospital de Niños, fue hallado muerto el 20 de febrero en su departamento de Juncal al 4600 con ampollas de fentanilo y propofol, sustancias hospitalarias no vendidas en farmacias.
La investigación abrió dos causas: una por su muerte sin signos de violencia, posiblemente autoinfligida dada su expertise, y otra por robo y venta de drogas en circuito con Hernán Boeris y Delfina Danuce, imputados con allanamientos y declaraciones. Teléfonos secuestrados revelan evidencias inesperadas.
Fiestas con infusiones continuas de propofol en departamentos y quintas de distintos hospitales porteños, con ambu para reanimar apneas. Fotos filtradas muestran mujeres con bombas de infusión. Audio viral detalla robos y ventas, coincidiendo con pesquisa judicial iniciada días después de la muerte.
Abigail Oliverio reportó desde el edificio: familia y compañeros alertaron por ausencia en cirugía Favaloro, 911 ingresó. María Nolman detalló que comunidad médica sospechaba fiestas desde febrero, no sexuales sino de drogas robadas, piden cámaras día anterior para reconstruir.