Agostina Paz regresó a Argentina tras tres meses detenida en Brasil por actos de racismo, pagando una fianza de 17 mil dólares y condenada a trabajos comunitarios. La joven describió su experiencia como una pesadilla emocional, con angustia constante y apoyo psicológico.
Se arrepintió de su reacción a gestos obscenos, negó ser racista y pidió perdón públicamente. Afirmó que cumplirá el proceso judicial virtualmente desde Argentina gracias a acuerdos internacionales, criticando la cobertura mediática brasileña que la tildó de enemiga pública.