El pueblo de San Cristóbal, en Santa Fe, despidió con duelo a Ian Cabrera, el niño de 13 años asesinado ayer por un compañero de 15 años que ingresó a la Escuela N° 40 con una escopeta y abrió fuego durante el izamiento de la bandera. Una multitud acompañó el féretro en una procesión que pasó por el club Independiente, donde sus compañeros lo aplaudieron en lágrimas, antes de llegar al cementerio.
El corresponsal Germán Condotto mostró en vivo la escuela congelada en el tiempo, con bicicletas abandonadas y mochilas en la puerta del aula. El tirador sacó el arma de su estuche original dentro del baño, disparó gritando y mató a Ian, hiriendo a otros dos. El portero Hugo lo redujo heroicamente cuando el arma se trabó, evitando más muertes, y contó que el chico parecía desorientado y no recordaba nada.
El fiscal Carlos Botero aclaró que el menor no fue en funda de guitarra sino en mochila, que el arma pertenecía al abuelo quien denunció el robo, y que el chico está en un instituto de menores con su madre. La investigación busca motivos, si fue premeditado o "suicidio amplificado", en una familia con problemas: madre con licencia psiquiátrica, padre divorciado con adicciones y el menor con intento de suicidio previo.
En el estudio reflexionaron sobre fallos en familia, escuela y sociedad, enfatizando la responsabilidad compartida para detectar señales y prevenir tragedias similares a las de escuelas estadounidenses. Nadie vio venir el horror pese a antecedentes familiares.