El chef Fernando Trocca cuenta que su abuela Serafina lo inspiró a cocinar, almorando en su casa durante la primaria y absorbiendo sus técnicas innatas sin recetas escritas.
A los 19 años, tras ir mal en el colegio, empezó su carrera en una escuela de hotelería gracias a una amiga; trabajó con Francis Mallmann y Gato Dumas, y abrió Trocca en Uruguay.
Emociona recrear platos familiares que transportan; cocina en casa con su hija usando restos de heladera, y tras accidente se volcó a la pintura como escape al dolor.
Destaca que la cocina es interminable como la música, pone jazz en el restaurante, y no se siente empresario sino rodeado de expertos.