El pastor proclamó que la oración es el recurso infalible de Dios para destruir fortalezas del mal, citando a Pablo en 2 Corintios, y enfatizó que Dios no actúa sin oración, incluso poniendo a la iglesia a orar antes de avivamientos o bendiciones.
Explicó que la oración debe responder a críticas injustas, como hizo Nehemías ante Sanbalat y Tobías, evitando peleas distractoras y entregándose solo a la oración. Destacó la perseverancia ante silencios divinos, como en la mujer sirofenicia y Lázaro, para fortalecer la fe.
La oración revela la voluntad de Dios mediante persistencia, ejemplificado por Jesús en Getsemaní orando hasta tres veces y Pablo con su espina en la carne, insistiendo en no levantarse de rodillas hasta conocerla. Agregó que la gratitud es perfume agradable a Dios, aun en debilidades.
Advirtió que sin confesión de pecados la oración no es oída, citando Salmos y Proverbios, y urgió sinceridad para restaurar comunión con Dios. Terminó destacando que la oración más poderosa es la sentida del corazón arrepentido, como el publicano versus fariseo.