El consumo de carne registró la caída más baja en 20 años pese a aumentos constantes en los últimos meses que superan la inflación general, impactando presupuestos familiares.
Conductores relatan anécdotas como ofertas en carnicerías barriales que siguen caras, confirmando charlas callejeras donde argentinos reducen asados semanales por costos, afectando tradición cultural en país productor.
Defienden el hábito local de comer carne como costumbre histórica frente a argumentos de "malacostumbrados", invitando a espectadores a compartir frecuencia de consumo.