El consumo de carne vacuna alcanzó el nivel más bajo en los últimos 20 años, profundizado por precios altos que obligan a cambiar hábitos alimenticios.
En la calle, personas como un jubilado que come asado cada tres o cuatro meses, un constructor con cinco hijos que solo compra pollo y un padre separado que prioriza comida básica para sus niños relatan recortes drásticos. Reemplazan por pollo o cerdo, reducen asados familiares de semanales a anuales.
Panel destaca impacto emocional: la carne es cultural, ligada a encuentros familiares. Critican que mientras la gente ajusta, funcionarios viajan lujosamente. Testimonios muestran sueldos mínimos como 50 mil pesos por 10 horas en construcción no cubren canasta básica.
Adrián, constructor, expresa bronca por deuda sin beneficios, obras paradas y futuro sombrío para hijos. Otros confirman suspensión laboral y recortes en salidas.