Cristina Fernández de Kirchner enfrenta una crisis de apoyo en el peronismo durante su indagatoria en la causa Cuadernos, con escasa movilización en Río Gallegos sin caravana ni respaldo del PJ orgánico, intendentes ni gobernadores. El panel destacó su victimización al afirmar que podría morir presa por este Poder Judicial, apostando a que la crisis económica la salve políticamente, mientras Axel Kicillof defiende forzado por militancia y Máximo Kirchner presiona con miradas internas.
En su alocución, Cristina negó recibir sobornos por 17 millones de dólares en 38 pagos, acusó a jueces como Bonadio y fiscal Carlos Stornelli de mafiosos, y se negó a responder preguntas hasta que citen a Mauricio Macri o Toto Caputo. El panel criticó que no defiende hechos sino que alega persecución, beneficiando al gobierno de Javier Milei al correr temas incómodos como inflación del 2.9%, vuelos de Adorni y Libra de la agenda.
Diego Cabot, periodista clave en la investigación, sintió tristeza institucional al verla en tribunales pero valoró que rinda cuentas; explicó que su defensa es política no técnica, repite argumentos de 'Sinceramente' sin refutar pruebas como cuadernos de Centeno, arrepentidos y bolsos a Juncal 1300. Stornelli respondió que sus ataques son recursos fallidos del 'operativo Puff', y resaltó la abrumadora prueba de corrupción con bolsos variables y propiedades de Daniel Muñoz por 70 millones de dólares en Nueva York.
Los panelistas coincidieron en que Cristina pierde influencia popular y orgánica, Máximo se ve venir juicios por Sauces, y el peronismo se fragmenta entre Kicillof, gobernadores y ella, facilitando al oficialismo un rival fácil pese a complicaciones económicas recientes.