La hormona cortisol, liberada por las glándulas suprarrenales ante estrés, viaja por la sangre activando respuestas como aumento de presión arterial, palpitaciones y sudoración. Difiere de neurotransmisores rápidos porque actúa de forma lenta para mantener la homeostasis, pero su elevación crónica daña neuronas y provoca problemas cognitivos.
Explican el estrés agudo, un pico breve como llegar tarde al trabajo que se resuelve rápido, versus el estrés crónico sostenido por incertidumbre económica en Argentina, con miedos a desempleo y fin de mes. El crónico enferma, afectando neuronas con pérdida de conexiones y síntomas persistentes.
El cortisol es necesario para supervivencia, liberado automáticamente por ritmos circadianos como al despertar por la mañana. Su medición varía por horario y estresores; científicos lo inducen con brazo en hielo, interpretado como amenaza de pérdida de miembro, o falta de anticipación como pedir hablar sin aviso, elevando niveles drásticamente.
Un video animado ilustra estrés laboral por despido inminente, mostrando impactos en vida diaria, y cómo ejercicio y calma reducen cortisol. La curva en U invertida del estrés indica que niveles bajos motivan, altos paralizan decisiones y memoria, recomendando anticipación, actividad física, fútbol lúdico, vínculos sociales y hobbies para controlarlo.