En el barrio Madrid de Tucumán, las inundaciones del río Dulce llegan al cuello, destruyen casas enteras, tumban paredes y dejan a vecinos como la jubilada Olga sin nada, limpiando lodo, colchones empapados y bichos descalzos en condiciones insalubres. Olga, de 60 años, cuida a dos nietitos y cuenta que perdieron todo en esta, la peor de varias inundaciones recurrentes, mientras la madre ayuda pero nadie del Estado aparece.
El periodista Marco Bustamante reporta en vivo mostrando casas partidas al medio, pisos de tierra convertidos en barro, electrodomésticos arruinados y olor fétido; los vecinos improvisan pisos con escombros para no pisar lodo y lavan sucio sobre sucio por falta de opciones, con enchufes elevados porque saben que se inundan siempre.
No hay refugios: los desalojados duermen en la ruta bajo un gazebo que se vuela con el viento, sin agua caliente ni hoteles, y vuelven a casas inhabitables con humedad en cimientos que demorará meses en secar. Autoridades municipales impiden el paso de donaciones privadas como agua y detergente para que solo ellos las entreguen y se lleven el crédito, dejando a 4.500 personas olvidadas porque no importan los votos.
En el estudio critican la ausencia total del Estado de todos los colores políticos, que no resuelve con obras como puentes, canales y cloacas pese a décadas de promesas; mencionan senadores cobrando millones sin actuar, al presidente que prometió cero obras públicas y pronóstico de más lluvias lunes a miércoles con alerta naranja, agravando el horror con mosquitos y serpientes.
Los vecinos muestran resignación más que enojo: "Hay que salir adelante", dice Olga, pero el panel advierte que tras irse los medios, quedarán abandonados hasta la próxima inundación inevitable.