En el barrio Madrid de Tucumán, las inundaciones del río Dulce alcanzaron el cuello de los vecinos y destruyeron casas enteras, dejando a familias como la de la jubilada Olga sin nada. Olga, de 60 años, cuida a dos nietos y limpia colchones empapados, lodo y colchones infestados de bichos en condiciones insalubres, tras perder todo en la peor de varias inundaciones recurrentes. Nadie del Estado apareció para ayudar.
Los damnificados durmieron días en la ruta al aire libre sin refugio ni hoteles de tres estrellas, solo con indignación por peleas entre dirigentes pero resignados al castigo repetido. Roberto, vecino y músico que tocaba con varios grupos, perdió su estudio de grabación pyme: consolas de sonido, monitores, herramientas y hasta cemento fresco para remodelar la casa, todo arruinado por el agua que llegó a más de dos metros.
Los vecinos critican la ausencia total de políticos y funcionarios, afirmando que no esperan nada de ellos y solo cuentan con la solidaridad entre particulares. Recuerdan subsidios de hasta 5 millones de pesos en inundaciones pasadas que no alcanzan para reponer casas, ropa ni estudios para hijos, y denuncian falta de políticas públicas a largo plazo más allá de cambios de gobierno.
El periodista Marco Bustamante y el equipo de Crónica muestran marcas de agua, barro insalubre y riesgos sanitarios al volver, advirtiendo que lo peor viene ahora con casas inhabitables y humedad en cimientos. El panel en estudio exige a funcionarios cumplir el preámbulo de la Constitución sobre bienestar general y soluciones reales, no préstamos impagables.
Referencian ejemplos como el arroyo del gato bajo Macri para obras a 10 años, destacando que la gente se rebusa sola o muere en la ruta, sin tiempo para jubilados, discapacitados o enfermos.