José, un damnificado del barrio Madrid en Tucumán, contó que envió a su bebé Alexander de dos años a 15 kilómetros de distancia con su hermana porque perdió todo en las inundaciones del río Marapo y no tiene dónde dormirlo. El hombre permanece en una carpa en la ruta frente al Club Belgrano, al lado del hospital, junto a su otro hijo Darian de siete años y la madre de los niños, expuestos a mosquitos y arañas que casi los pican. La familia duerme en colchones improvisados y limpia el barro de la casa inundada, mientras ruegan por donaciones de cualquier cosa.
Los vecinos del barrio Madrid demostraron solidaridad extrema al cocinar pollo popular: cada uno aportó un poquito de ingredientes y lograron comida para todos los niños y familias afectadas, en un lugar donde hace días había agua hasta la cintura. Periodistas destacaron que donde el agua cubría mesas y sillas, ahora se cocina para el barrio, contrastando con el bloqueo de camiones de donaciones privadas en el acceso de Monteagudo.
Cáritas e Iglesia Católica llegan a zonas imposibles donde nadie más accede, caminando calles rurales y preguntando a la gente cómo se siente, mientras preparan comida para los damnificados. Testimonios como el de Lidia Virginia Acosta revelan familias durmiendo en plásticos tras perder heladeras, colchones y autos, y Alejandro relató changas para sobrevivir sin jubilación.
Imágenes enviadas por vecinos muestran casas con la mitad bajo agua, animales ahogados o rescatados a pulso como cabras y perritos en camas flotantes, en zonas como Lules, Gómez Leales, Villa Fiat y Graneros. La tradición tucumana del domingo familiar persiste pese al barro y la humedad que impregna habitaciones de niños decoradas.
La cobertura en vivo insiste en la resignación de los gauchos que salen adelante con ayuda mutua, mientras critican que políticos no aprendan de esta solidaridad simple frente a la desolación post-inundación.