Leyendas del Turismo Carretera como Luis di Palma y Juan María Traverso protagonizaron duelos inolvidables en la pista, donde se rozaban y chocaban durante toda la carrera pero mantenían códigos de respeto fuera de ella. En una carrera en Mendoza, largaron adelante, se golpearon constantemente sin plásticos ni vidrios, y terminaron primero y segundo, con autos destrozados pero sin denuncias mutuas, optando por tomar mate juntos.
Di Palma destaca la filosofía del automovilismo de su época, donde lo de la pista se quedaba en la pista y los pilotos se divertían con declaraciones picantes que generaban expectativa. En otro duelo en La Pampa, se devolvían 'golpes' quitándose delanteras, pero siempre con respeto mutuo, contrastando con la sensibilidad actual de los pilotos jóvenes.
Antes de ser campeón con Torino, Di Palma participó en la misión argentina en Nürburgring, marcada por el cansancio extremo y la colaboración de Luis, quien aportaba ideas y estudiaba mecánica. Emocionado por el recibimiento, Luisito resaltó el esfuerzo colectivo del equipo nacional con el Torino de industria argentina, experiencia que lo unió al equipo pese a barreras idiomáticas.
A medida que crecía su fama, Di Palma tenía una relación despreocupada con el dinero: ayudaba a empleados con casas y autos, compraba aviones y helicópteros por capricho, perdía fortunas en empresas como camiones sin inmutarse, ya que las ganancias del automovilismo compensaban todo.
Explica el apelativo de 'loco': maniobras como transitar momentáneamente bajo la lanza de un camión con karting para evitar un choque frontal, o pasar con avión bajo el puente del Río Reconquista, fueron calculadas y no locuras, demostrando su calidad como amigo y respeto con adversarios en una vida de sobrevivencia heroica.