Luis Di Palma, leyenda del Turismo Carretera, protagonizó duelos épicos con Juan María Traverso donde se rozaban en pista pero respetaban códigos fuera de ella, como en Mendoza donde terminaron primero y segundo con autos destrozados pero sin denuncias, compartiendo mate después. Di Palma relata que el dinero no le importaba mucho, vivió igual con o sin millones, compraba aviones o helicópteros por gusto y perdió fortunas en empresas pero las ganancias de las carreras lo compensaban.
Desmiente anécdotas de locura aclarando que pasó con kart entre camión y acoplado a misma velocidad para evitar choque frontal, y voló avión bajo puente del Río Recife con altura sobrada. Era cariñoso en casa pero se enojaba fuerte como escorpiano; una vez truequeó etiquetas de motores de Pedersoli en Rafaela para ganar la carrera, dedicándosela a Traverso por prestarle uno, y mandó mensaje a la juventud para no apurarse por ansiedad a sus 52 años.
En 1996 armó un Falcon en 20 días para correr con su marca hincha, sin dormir, resolviendo problemas incluso dormido. En Buenos Aires corrió con su hijo Marcos Di Palma, quien lo intentó pasar agresivamente pero Luis lo gestionó para evitar accidentes; Marcos quedó atrás por caja rota mientras Luis ganó con ayuda de sponsors como Tito del Conte y Ángel Tadej, más motor de Johnny.
Di Palma festejó emocionado hasta las lágrimas su último triunfo en TC, agradeciendo a equipo, familia y hinchas de Rafaela, destacando su hinchada personal más allá de marcas, quedando como ídolo eterno en el Museo del TC.