Lautaro transformó su carácter violento y nervioso, heredado de ver a su padre golpear a su madre, llegando a intentar apuñalar a su hermano en una discusión familiar.
La familia no podía convivir en paz, con peleas constantes que impedían sentarse a la mesa, generando angustia y tristeza en él desde chico.
Invitado por un vecino a la Iglesia Universal, participó en el propósito del agua viva, tomándola tres veces al día en nombre del Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Resultados rápidos incluyeron paz interior, fin de discusiones y una familia unida y feliz hoy, donde él es una persona pacífica.